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Las referencias limitadas crean una vida limitada. Si quieres expandir tu vida tienes que expandir tus referencias, persiguiendo ideas y experiencias que no formarían parte de tu vida si no las buscaras conscientemente.
Recuerda que uno raramente se encuentra con una buena idea, hay que buscarla activamente. Tenemos que buscar las ideas y experiencias capacitadoras.
Al expandir nuestras referencias, absorbiendo nueva información, ideas, conceptos, experiencias y sensaciones, creamos un gran contraste con el que evaluar la vida y la posibilidad. Durante este proceso hemos de permanecer conscientemente en guardia a las puertas de nuestras mentes, para asegurarnos de que todo aquello que permitamos entrar enriquecerá nuestras mentes, para que las experiencias que persigamos aumenten nuestra reserva de posibilidades; para ello hemos de aprender a distinguir lo que debemos observar de la vida.
Al utilizar nuevas referencias para motivarnos, podemos hacerlo en dos sentidos. Al margen de lo mal que te puedan ir las cosas, siempre habrá otra persona a quien le vaya peor, pero también es cierto que habrá otra a quien le vaya mejor. Y cuando creas que tu habilidad haya alcanzado el nivel más elevado, descubrirás que alguna otra persona ha logrado alcanzar alturas mas elevadas todavía. Y eso puede impulsarte a expandirte y a crecer constantemente.
Recuerda que son los momentos de nuestra vida los que nos configuran. Depende de nosotros el perseguir y crear los momentos que nos elevarán y no nos limitarán.
Te propongo que hagas una lista de grandes referencias que adquirir, traza un límite de tiempo y pon fecha a cada una de ellas. Decide cuándo vas a hacer cada una. ¿Cuándo vas a aprender inglés, chino o japonés? ¿Cuándo irás a dar ese paseo en globo? ¿Cuándo irás al asilo de ancianos de tu localidad a cantar villancicos? ¿Cuándo vas a hacer algo insólito y nuevo?
Así que, ahora, levántate de la silla o del sillón, deja de ser espectador y participa en el juego de la vida. Deja que tu imaginación explore las posibilidades. ¿Qué puedes hacer este mes, esta semana, hoy, para expansionar tu vida?

Los resultados que obtenemos en la vida derivan de nuestras acciones, y las acciones que elegimos hacer están directamente relacionadas con nuestros estados emocionales. No hay personas incapaces, sino que hay estados emocionales incapacitadores.
Por ello es tan importante ser conscientes de nuestros estados emocionales e ir más allá, modificándolos para que nos capaciten en lugar de imposibilitarnos obtener los resultados que deseamos.
Hay dos formas fundamentales de cambiar tu estado emocional: cambiando la forma de utilizar tu cuerpo físico, o cambiando tu enfoque.
Centrémonos en el primero. La emoción viene creada por el movimiento. Todo aquello que sentimos es el resultado de cómo usamos nuestros cuerpos. Hasta los cambios más insignificantes en nuestras expresiones faciales o gestos variarán nuestra forma de sentir en cada momento y, en consecuencia, el modo de evaluar nuestras vidas, es decir, la forma en que pensamos y actuamos.
Cada emoción que sentimos está vinculada a una fisiología específica: postura, respiración, pautas de movimiento, expresiones faciales. Una vez que hayas aprendido a usar tu cuerpo cuando te encuentres en ciertos estados emocionales, puedes volver a experimentar esos mismos estados, o a evitarlos, cambiando sencillamente tu fisiología.
Cada uno de nosotros dispone de más de ochenta músculos diferentes en el rostro y si esos músculos se acostumbran a expresar depresión, aburrimiento o frustración, esa pauta muscular habitual empieza a dictar literalmente nuestros estados de ánimo, por no mencionar nuestro carácter físico.
Si quieres cambiar realmente tu vida, comprométete a pasar un minuto, cinco veces al día durante los próximos siete días, sonriendo de oreja a oreja. Te parecerá algo muy estúpido, pero recuerda que con este sencillo acto físico estarás creando un camino neurológico hacia el placer que poco a poco se irá haciendo habitual.
Mejor todavía, ponte a saltar, en lugar de correr. Saltar es una forma poderosa de cambiar tu estado de ánimo, porque con ello se logran cuatro cosas: 1) es un gran ejercicio; 2) tendrás en tu cuerpo menos tensión que si corres; 3) no podrás mantener una expresión seria en el rostro mientras saltas; y 4) distraerás a todo el que pase a tu lado, así que también cambiaré el estado de ánimo de los demás, haciéndoles reír ;-)


“Las cosas no cambian, somos nosotros los que cambiamos.” Henry David Thoreau
Según Anthony Robbins, casi todas las personas deseamos cambiar:
2) Nuestros comportamientos
1º -Tenemos que creer: “Algo tiene que cambiar”. No que “debería” o que “podría” cambiar, sino que tiene que cambiar absolutamente. A menudo oigo decir a la gente: “debería perder peso”, “mis relaciones deberían ser mejores”. Pero sabemos muy bien que podemos cargarnos con todos los “debería” del mundo sin haber cambiado nada en nuestra vida. El proceso de hacer realmente lo necesario para cambiar la calidad de nuestra vida sólo se inicia con un imperativo “tengo que”.
2º -No sólo tenemos que creer que las cosas tienen que cambiar, sino que tenemos que creer: “Tengo que cambiarlo”. Tenemos que vernos como la fuente del cambio. En caso contrario, siempre andaremos buscando a alguien que efectúe el cambio por nosotros, y siempre encontraremos a alguien a quien echarle la culpa si no funciona. Tenemos que ser la fuente de nuestro propio cambio para que este sea perdurable.
3º -Tenemos que creer: “Puedo cambiarlo”. La mayoría de las personas vincula inconscientemente mucho dolor con la idea de ser capaces de producir un cambio con rapidez. Por un lado, deseamos cambiar rápidamente, mientras que, por el otro, nuestra programación cultural nos enseña que el cambio rápido puede significar que nunca existió el problema; que nos estábamos engañando o que éramos perezosos.
Debemos adoptar la creencia de que podemos cambiar en un momento. Al fin y al cabo si somos capaces de crear un problema en un momento, también deberíamos ser capaces de resolverlo con la misma rapidez. Habitualmente, lo que a la gente le cuesta cierto tiempo es el prepararse para el cambio.
Sin estas tres creencias esenciales, cualquier cambio corre el riesgo de ser sólo temporal.
